
The Queen is Dead (1986)
The Smiths
Lecciones de imprudencia o la tristeza es un vicio
«Porque estábamos solos, por eso pegábamos todos aquellos carteles y comprábamos todos esos discos y esperábamos que nuestra habitación fuera bastante. Porque teníamos miedo y fuera hacía frío y hay que ponerse a cubierto, y por eso los Smiths, sobre todo los Smiths». ‘The Queen is Dead’, el penúltimo disco de la banda formada por Morrisey y Jonhny Marr es un imperfecto compendio de la pesadumbre, la euforia, el dolor, la desidia, el pudor, la rabia, la pose y la vulnerabilidad del adolescente de Manchester, sí, pero también del de Madrid, Melbourne, Chicago o Tokio. Es un pulso a toda la música que no dice nada porque no habla, en realidad, de nadie. Como toda obra universal, es legible en cualquier idioma, porque habla de la vida, sin medias tintas ni concesiones. La mezcla es infalible: actitud, literatura y canciones, en el más puro y estricto sentido del término. Grabado a pesar de que Morrisey y Marr ya casi ni se hablaban y con el bajista Andy Rourke en plena adicción a la heroína –en cuanto el disco estuvo terminado, fue despedido–, éste el testimonio de una voz lúcida que se erige por encima de su tiempo para susurrar que lo mejor, seguro, está por llegar. El encontronazo con el mundo adulto era inevitable y el primer sencillo, que da título al disco, fue censurado por el gobierno de Margaret Tatcher. Donde se podría sospechar un exceso de premeditación hay un trabajo rebosante de vida, sin más. ‘I know it´s over’, ‘The boy with the thorn in his side’ y ‘There is a light that never goes out’ son una memorable trilogía de desaliento, miedo, angustia. Pero el disco está equilibrado: ‘Franly, Mr. Shankly’ o ‘Bigmouth strikes again’ engrasan una maquinaria redonda e irrepetible.










