jueves, noviembre 13, 2008

De repente, el trozo de tela que se desploma, que despacio desciende desde el peto hasta las piernas y después toca el suelo. De repente, bajar los brazos, parar, las manos en las rodillas, los gritos de todos amortiguados por el cansancio, el sudor corriendo como mil ríos, el corazón bombeando como mil percusiones, luego la indefensión de un instante y el frío, eso antes de una manta que arropa con urgencia, alzar la cabeza y la sonrisa de los tuyos y la sonrisa de todos porque ha merecido la pena al final y la carrera era sólo de 100 metros, ellos tenían razón, los maratones son para los valientes y la velocidad es sólo para los mejores.

3 comentarios:

Pareidolia dijo...

Presiento que has llegado a la meta. Enhorabuena, Let's dance?
Besicos

Laura dijo...

Eres único

LC

Beauséant dijo...

y encima si entras en la meta con chulería eso ya no tiene precio...