viernes, julio 03, 2009

allíestabatodo

Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,
y una voz cariñosa le susurró al oído:
-¿Por qué lloras, si todo
en ese libro es mentira?
Y él le respondió:
-Lo sé;
pero lo que siento es verdad.
(Ángel González)
Lo he comprobado. La primera vez que vi el videoclip de Smooth Criminal tenía 10 años. Entonces, allí estaba todo; la noche, el resplandor, el súbito silencio, el gato negro sobre las teclas del piano, la moneda que vibra en el aire y arranca la jukebox, los mil y un bailes de la coreografía más completa. Un estribillo pegadijo, los falsetes, el moonwalker. Michael Jackson pertenece al territorio de la infancia, por eso la tristeza del jueves y de después. Aquél niño de 10 años sabía más sobre las cosas importantes de la vida que este adulto de 30. Al menos sobre algunas que tenían que ver con la emoción y la fidelidad a los que anunciaban paraísos de felicidad que después se cumplían.
Los que disfrutan más descubriendo que Jackson no legó nada a su padre que escuchando otra vez Bille Jean, Dirty Diana, ABC, Ben o Jam no me merecen más que un áspero e indiferente desprecio. Los que detallan las miserias de una vida personal discutible y dolorosa e ignoran la relevancia de uno de los colosos de la música popular del Siglo XX deberían ser deportados a una isla repleta de la misma mierda que proclaman. Ni una línea más para ellos.
Aún falta para la ceremonia de la clausura; estamos vivos, podemos escuchar su música hasta quemarnos los tímpanos. Los apóstoles del final tendrán que morderse la lengua. No voy a descubrirlo yo; sin Jackson todo sería distinto, con toda probabilidad peor.

2 comentarios:

Alnitak dijo...

Totalmente de acuerdo.

Laura dijo...

"The King of Pop will never die"

Un abrazo enorme para ese niño de diez años