miércoles, enero 26, 2005
lunes, enero 24, 2005
yo también oigo esa guitarra desafinada, a veces esa guitarra sueña con que es una mandolina, pero las mandolinas no tienen sueños. De los instrumentos musicales, los único que sueñan son las guitarras, los pianos, las trompetas y los saxofones, sobre todo los saxofones. Por ejemplo la batería, la flauta, el órgano, el arpa, son incapaces de sumirse en el tercio de los sueños. De las mandolinas no se sabe nada.
si me pides un cuento yo empiezo contándote la historia de un chico que se despierta de madrugada y decide alejarse de allí. Allí es la casa de sus padres. Él tiene 17 años. Se pone una camiseta y los pantalones viejos y baja al garage, monta en el coche de su padre, ya sabe conducir, sólo quiere estar lejos de casa. Arranca y acelara, la carretera es una cicatriz que circunda el mundo, la carretera es una animal mitológico que yace aspero y fugaz. El chico está conduciendo el viejo trasto y no tiene ni idea de qué es lo siguiente que va a hacer después, el chico busca una emisora en la radio pero la radio no funciona, el chico se mira por el espejo retrovisor y se pregunta si aparenta su verdadera edad, pero aparte de eso no se hace más preguntas, la carretera está desierta. Trata de recordar a su hermano, que está en el ejército, porque en los cuentos siempre es necesaria la figura del héroe, y por la ventanilla se deslizan los clubs de carretera, los restaurantes veinticuatro horas, quizá aquí debería decir que apenas le quedaba gasolina, pero no es cierto, su padre llenó el depósito ayer. Por un momento tararea una canción de los Sonic Youth, pero en seguida lo deja, la noche se vuelve más cerrada y la luna se esconde, amablemente, y cuando se quiere dar cuenta, ya ha ocurrido, la noche se le ha metido en el coche, siente frío, frío por dentro, y ve cómo la luna le ha dejado a solas con las nubes, lo sabe porque ellas empiezan a escupirle en el parabrisas, y cuando lleva así un rato nota en el labio superior el sabor de la lluvia, está llorando, está llorando, nuestro chico llora con los dientes apretados, llora y toda la lluvia son sus lágrimas, llora sin apenas darse cuenta y no tiene tiempo para pensar que hará cuando despierte de todo y bueno, yo casi prefiero que termine así el cuento, tu verás, ya sabes que creo que hay gente que vale más por lo que está esperando que por lo que tiene y que yo de mayor quería ser Raymond Carver.
viernes, enero 21, 2005


jueves, enero 20, 2005
las cosas van muy rápido en este 2005. no me gusta hablar de años y de lo bien que viene éste, o de lo bueno que fue el otro, porque creo, igual que Manolo, que me lo dijo una vez paseando por el campus, que vivímos en un contínuo, en una continuidad, mejor dicho, pero no puedo negarle rapidez e instantáneo cumplimiento de deseos. En menos de 20 días he tenido ofertas de trabajo para dos trabajos y medio. Y de momento me he quedado con el medio.
Voy a decir que sí a otro. Alejado, sí, de Madrid, pero muy parecido a eso que es lo que quiero hacer, trabajar en lo que me gusta, que es plantarme delante de un ordenador a rellenar los espacios en blanco de una maqueta con noticias, reflexiones, valoraciones, opiniones, datos o con lo que sea. Me sigue pareciendo pura magia abrir un periódico y ver mi nombre encabezando una noticia. Me hace sentir orgulloso de mí mismo, leñe, por qué no decirlo, satisfecho bastantes veces, pletórico casi siempre. Es una pequeña droga, y desde hace tiempo ya empezaba a tener mono, el cold turkey que dicen los yonkis ingleses.
Zamora, ciudad pequeña, grandes noticias. Esta mañana he montado en mi coche, he conducido los 60 km. de distancia y he aparcado en el centro. He comprado La Opinión y el Norte y me he los he leído en un café. Luego he pasado de largo por delante de las dos redacciones y he paseado por Santa Clara, y casi me he imaginado ya viviendo allí, paseando a las 11 de la mañana por sus calles de piedra, sorteando el románico, que se posa en las iglesias de todo el casco viejo, saludando a Viriato, oliendo el silencio de la ciudad, espeso, puro. También me ha dado tiempo a visitar la Biblioteca Municipal, que me está ubicada en un Palacio y mucho más nueva y mejor de lo esperable. Todas estas cositas he hecho allí por la mañana, luego he regresado a Salamanca para comer con mis padres.
Ayer iba a meterme en el cine, a ver El Aviador. Pero me dí cuenta de que en realidad no tengo tantas ganas de verla como quiero hacerme creer. Scorsese me decepcionó tanto con Gangs of New York...lo que no me importaría sería ver otra vez, y van muchas, Casino.
La peich de la semana es: http://usuarios.lycos.es/bbrp/matematicas.html
jueves, enero 13, 2005
miércoles, enero 12, 2005
lunes, enero 10, 2005
Madrid (I y II)
Madrid desde otra capital de provincia, Madrid recordada es en realidad un abrazo bajo ese cielo inmenso y velazquiano, que dicen los pedantes que es el cielo de Madrid. Uno se acuerda de ella y comienza a re-andar ese paseo que le lleva por la abarrotada Calle Atocha, flanqueada por sex-shops de luces estreboscópicas que se tragan a los despistados y a los ya derrotados, sex-shops como mausoleos de placer fingido, que yo siempre me imagino con olor a lejía y a ambientador barato, como rancio, olor a taza de váter recién fregado. Y luego ese mismo paseo te lleva por Antón Martín, cerca de donde sabes que está el Areia porque un día Romita, la dulce Romita te cogió de la mano y te llevó allí, lugar donde el chill-out y los cojines en el suelo te sugieren mil viajes, mil caricias, Antón Martín hasta la frontera con Lavapiés y la Plaza de Santa Ana, donde me he perdido un par de veces, cerca del ochentero Templo del Gato que una vez visité con María, de camino hacia ese otro Madrid con sus divisiones aún confusas para el observador aún novato.
Del otro lado sabes que está la cafetería El Globo, donde los rusos y los chinos por un momento parecen llevarse bien y donde has leído que Baroja se tomaba unos cafés que le duraban toda la tarde, en el piso de arriba, y más allá la discoteca Barnon, gente guapa y chunda-chunda. Te quedan las ganas de todos modos, de bajar hacia Colón esquivando la Audiencia Nacional para desde ahí asomarte a la Castellana de los bares pijos, del Archy o del Déjate Besar o de La Botellita, ya en República Argentina, te haces a la idea de ir para allá pero al final piensas que igual está un poco lejos, que mejor vamos hacia Bilbao o mejor hacia la Gran Vía, y que seguro que por Malasaña podrás encontrarte con Julio en El Alivio, y con suerte hasta será el día en el que él pincha, así que te irás a dormir después de escuchar un buen rato a los Flaming Lips o a los Kinks, que eso sí que es una gran nana. La Gran Vïa con sus enormes carteles de películas cubriendo las fachadas de los edificios es la primera imagen que tengo de Madrid, 8, 9 años, desde las ventanas del coche, ese Madrid abarrotado, parcial, irreal e imaginario a la fuerza que se configura en la cabeza de los provincianos y de los niños, que cuando cumplen 20 años empiezan a decir “Madrid” con una mezcla de estupor y ganas de comerse el mundo. Aunque son los menos.
Como se hace tarde, tarde o pronto, según se mire, pero tarde en realidad, comienzas a pensar en retirarte por hoy, firmar ese armisticio contigo mismo que es dejar de requerir a los camareros para tener fuerzas y pasar el día siguiente en el Retiro, ese espacio para la imaginación en ese escenario desierto y abandonado de la mano de Dios que es la capital los domingos. Te metes allí al día siguiente, por tanto, entrando desde la calle del Museo de Antropología, casi saludando a los chaperos arracimados en la puerta, congoleños, cameruneses, africanos todos, que hacen guardia en paseo marcial como si en lugar de un pedazo de parque estuviesen custodiando una garita, y allí estás, paseando frente al estanque, con sus enamorados en sus barquitas de enormes remos, y una gitana adivinadora te ofrece una lectura de manos, el quiosquero gusanitos para los patos y hay dos chicos que parecen ser pareja cantando Stairway To Heaven, bueno, en realidad sólo canta uno mientras el otro pasa un sombrero de ala ancha boca arriba ante la gente, que sigue el ritmo tratando de simular que no está escuchando. Los domingos del Retiro dan mucho de sí porque te acercas al Palacio de Cristal con el periódico del día bajo el brazo y sin querer te cruzas con Manuel Hidalgo hablando por el móvil y al poco con Javier Marías, que te mira para arriba con gesto de pocos amigos, y cuando al fin llegas allí te encuentras a un tío ni joven ni viejo, de barba espesa y gafas mínimas, con aspecto de profesor de música apaleado, recitando la Odisea como si la vida misma le fuera en ello (y probablemente le vaya).
Luego a paso lento regresas porque te acuerdas de que estás en la única ciudad del mundo que tiene erigida una estatua al ángel caído, así como suena de estupendo, y te vas a para echar un vistazo como de reojo y a sacar conclusiones mientras una pareja , cámara en ristre, te pregunta por dónde se va hacia el Palacio de Cristal. De camino ves a la gente tumbada en el césped, a otra pareja de recién casados que despliega un mapa en busca de conversación , abuelos con cachava y transistor y el carrusel deportivo a toda mecha, a un grupo de quinceañeros disfrazados de raperos del Bronx, a una china que vende flores de plástico y que obvia o quiere obviar que estás paseando solo, a otro par de tipos que también pasean solos, pero con la cabeza gacha, como paseando al mismo tiempo dentro de sí mismos, a una chica que, sentada en banco, lee Siddartha mientras al fondo, a lo lejos, oyes escuchas algunos acordes de la banda de ecuatorianos que se han subido al templete para hacer sonar sus flautas de hueso, echas a mano por ellos mismos, invocando a los dioses precolombinos o a los recuerdos de su país y de su pasado trasatlántico.
Después, a medida que empieza a oscurecer, tomas el camino asfaltado, recorrido por patinadores, ciclistas con bicicletas de alquiler y peatones en perfecta armonía y ves a una pareja de municipales bromeando con dos rumanas, faldas largas, pañuelos en el pelo, bromeando a propósito del tamaño de las motos de los de azul. Te marchas, camino de la boca de metro, te vas para casa porque oscurece, los chaperos no están por allí ahora porque estarán trabajando, te vas mientras aún te queda tiempo para ir pensando qué película pondrán esta noche en los Alphaville que no hayas visto aún.
jueves, enero 06, 2005
todo lo demás también
me dijiste que sólo dolería al principio, hace demasiado que ya no hablamos, nunca cumples tus promesas, echaba de menos tus manos, mis amigos ya no viven en la ciudad, quédate con el cuaderno y con mis libros de Carver, tu nunca sabrás cuánto te quise, díles a todos que he tirado sus promesas al mar, mi suerte empezó contigo, el tren olía a bolígrafo, los corazones rotos casi nunca ocupan los titulares, sabes que nunca me gustó al oscuridad, ya te estaba buscando antes de saber que existías, ibamos a todas partes en bibicleta, tengo el corazón tatuado con mil costuras, explícame por qué no logro ser feliz, puede ser que tuvieras toda la razón todo el tiempo, pero también puede que no, si nos cruzamos por la calle te saludaré por educación, lo único que tenemos que mantener a raya es el pasado, no, no voy a probar ni siquiera un poco de eso, ahora ya no puedo ser tan estúpido como lo era antes, un chico como yo tiene un millón de formas distintas de volverse loco, antes de conocerte me dedicaba a dar vueltas en mi coche, no me importa que hayas vuelto con ella, ya he leído los libros que me prestaste, sus novios tenían celos de sus novias, si no creyera en tí creería en mí, si te das prisa aún podremos pasear un rato, cada vez que iba a jugar con los chicos acababa arrepitiéndome, procuro no juzgar a nadie, me gustaba cuando se vestía con corbata, no puedo creer que no vayas a volver nunca, quiero cambiarme de piso, ahora estoy sobrado de energía pero intuyo que ese no es el problema, las chicas más guapas son las que están más tristes porque saben que hay más tíos dispuestos a hacerles daño, en la televisión han vuelto a poner su retrato robot, yo sabía que la mayoría de sus problemas no iban conmigo, no te quedes ahí callado, no hables, no digas nada, no digas nada, todo el mundo quiere estar alejado del lugar en el que nació pero llora cuando vuelve a casa, qué saben los demás, no sería justo decir que eres mala, supongo que este es un mundo injusto, decía que con un mapa de carreteras podría salir adelante una temporada, presumía de casi nada, el primer día le propuso ir a ver una película alemana, el segundo él la beso, me dijo, lo cierto es que no me están saliendo muy bien las cosas, pero quién sabe, no sabía ningún conjuro contra los cristales rotos ni las botellas vacías, los chicos de los viernes hablan de chicas en voz alta, no te fíes de los anillos de oro ni de las carrozas de plata, él siempre dice nadie, nada, nunca
To Play Chess
Acabo de descubrir una página de Ajedrez: www.ciberchess.com , donde puedes disputar partidas, sin instalar ningún programa en tu ordenador ni historias raras. Limpio, rápido y efectivo. De momento ya me han dado canela, pero juro vengarme.
Qué lujo.
lunes, enero 03, 2005
prescripciones


Suscribirse a:
Entradas (Atom)