me mintió. no cerró el blog, sino que lo cambió de nombre. no tenía porqué hacerlo. habría bastado con que me pidiera que no dejara comentarios. yo sé que lee los diasconta2, a pesar de que el tiempo haya pasado y de que lo nuestro se rompiera. y nunca me ha importado. ahora, en fotos, la he vuelto a ver, después de un año. también a él, que para mí ya tiene ojos y cara. sin rencor, de verdad. pero no tenías que mentirme. no a mí que te enseñé lo que era un blog. no a mí que te llevé al cine a ver la película que da nombre a tu usuario de blogger. mira, otra vez. no tenías porqué mentirme
sábado, julio 29, 2006

el jueves en uno de los partidos jugué contra Raúl Roncero, uno de mis ex compañeros en el CBS. Se ha puesto en al menos 25 kg más y está lentísimo, pero aún conserva un buen tiro y lee bien los partidos. En un salto a por el rebote, no me protegí bien y uno de sus codos fue a parar a mi ojo izquierdo. Así que ahora luzco un hermoso ojo amoratado. Él decía: "de toda la gente que estamos jugando, te tengo que dar a tí...lo siento tío". A eso se le suma una ampolla en el pie del tamaño de Zamora, eso sin intervención de Raúl, claro. A pesar de todo, mañana, otra vez, nos vemos a las siete.
viernes, julio 28, 2006
estamos como en aquella canción
de los Flaming Lips y no importa que no sepas cuál
pero hazme caso,
estamos como en esa canción
y está claro que yo no soy Yoshimi
esto es mientras paseamos por el rastro el domingo por la mañana,
los dos de resaca, ella feliz, yo también, claro
ella a la que conozco de la noche anterior,
que se llama Laura y es modelo de tobillos
y dice tener mucho trabajo
yo sin embargo estoy de vacaciones
hemos quedado
"dentro de doce horas en este mismo lugar"
en una apuesta singular y torpe
pero efectiva
o quizá es que no tenemos mucho más que hacer
los gitanos de los puestos le dedican frases bonitas
ella dice "no tiene mucho mérito que te piropeen en el rastro"
yo digo seguro, y me pongo celoso
después comemos en un italiano y hablamos de viajes mientras nos sirven la bebida
y su teléfono móvil suena sin parar pero ella ni siquiera mira quién llama
y se lo agradezco a la vez que le recomiendo los tagliatelle
el resto de la tarde está bien
nos hacemos fotos con su móvil
compramos palomitas y se las tiramos a los patos del estanque
hablamos de su trabajo y un poco del mío
y de viajes
después es difícil de decir, pero creo que nos empezamos a echar de menos
antes de despedirnos, o al menos yo sí lo hago
después nos despedimos de verdad
después de un rato miro para atrás y ya no la distingo
entre el resto de la gente
después es ahora
martes, julio 18, 2006

lunes, julio 17, 2006

jueves, julio 13, 2006
Bueno, Zidane se equivocó, la agresión fue evidente.
Pero yo no la calificaría de deshonesta o bárbara. Entre las muchas que podía haber elegido, sin duda mucho más dañinas o asesinas, una entrada por detrás, unos tacos en la pierna del rival, por ejemplo, optó por un cabezazo en el pecho pueril y evidente. La hizo, además, con el balón parado y delante del cuarto árbitro, indisimuladamente, como abocado a concluir su fiesta de despedida del fútbol con un plantón a todos los invitados. nunca protestó la expulsión. nunca dijo que no lo hiciera. Vio la tarjeta roja, ese fogonazo de justicia, y agachó la cabeza, triste, agotado, terminal.
He visto a italianos en el fútbol y a griegos en el baloncesto, y que me perdonen sus compatriotas, que golpeaban al rival con el árbitro de espaldas, que escondían alfileres bajo la manga para clavarlos en los saques de esquina, que elegían el hueso que le iban a romper al oponente como el cirujano marca el órgano que va a seccionar. chacales homicidas con un arsenal a cuestas, que se excusaban en el deporte para sacar a relucir sus afilados dientes
El problema es que nos empeñamos en divinizar a algunos deportistas como si fueran más que meros hombres especialmente hábiles. Lo hacemos constantemente, le pedimos a Alonso que sea modesto y a Nadal que sea maduro y a Sete Gibernau que tenga suerte de una vez. No solo deben ser los mejores en la cancha, sino que deben ser el perfecto ejemplo, el buen padre, el buen hijo.
La defensa de Zidane, en televisión, me ha parecido excepcional: "Soy un hombre antes que un futbolista, y hubiera preferido que me hubieran dado un puñetazo en la cara antes que lo que tuve que escuchar sobre mi madre y mi hermana".
El apaleable es Materazzi, esa víbora, no Zizou, el gran Zizou.
martes, julio 11, 2006

domingo, julio 09, 2006
NO SOY QUIEN ESCUCHA...
Oliverio Girondo
No soy quien escucha
ese trote llovido que atraviesa mis venas.
No soy quien se pasa la lengua entre los labios,
al sentir que la boca se me llena de arena.
No soy quien espera,
enredado en mis nervios,
que las horas me acerquen el alivio del sueño,
ni el que está con mis manos, de yeso enloquecido,
mirando, entre mis huesos, las áridas paredes.
No soy yo quien escribe estas palabras huérfanas.
lunes, julio 03, 2006
oncecontraonce
ayer, por puro azar, cómo si no, me topé con la imagen más hermosa del Mundial de fútbol de Alemania. No, no fue una majestuosa gambeta de Ronaldinho, ni un soberbio chut de Cristiano Ronaldo, ni siquiera un sublime regate de Zidane. en la mañana del domingo volvía a Zamora y paré en una estación de servicio para llenar el depósito, en una de esas gasolineras por las que no ha pasado el tiempo, de las que no son un bar ni un supermercado, ni siquiera con lavacoches, una mera gasolinera de aquellas de siempre, surtidores, tipo animoso, riñonera con el cambio en ristre, tipo animoso, repito, que charla con los clientes mientras enchufa la manguera en la boca del depósito. delante, cuando el tipo sacaba algún tema inocuo de conversación, paró otro coche. se bajaron de el un hombre de unos 30 años y, del asiento del pasajero, un niño de no más de seis, siete años. llevaba un balón deshinchado, arrugado como una pasa, entre las manos,
un balón de fútbol
dejé de hacer caso al tipo de la gasolinera y de reojo me fijé en la operación: el niño cede el balón a su padre en presencia de la máquina de hinchado de ruedas, se lo entrega con unos ojos brillantes y la mirada enorme, el padre recoge el plástico pobre, absurdo, ese montón de plástico ofensivo, y procede, acerca la aguja del hinchador y la introduce en el esférico y éste comienza a existir como tal, a respirar, a convertirse en un estupendo balón de fútbol. Luego, cuando la esfera ya es perfecta y ese globo reluce como perfecto bajo la luz del sol, se lo entrega a su hijo, al que la sonrisa no le cabe en la cara, que salta inquieto en el mismo momento en que su padre le devuelve la pelota, es niño al que le han regalado un mundo en ese domingo por la mañana. Luego el niño mira a su padre por un momento y juro que es la mirada más tierna que he visto y el padre le toca en la cabeza una vez, dos, con gesto complaciente, y vuelven a montar en el coche de un salto y el resto ya es mi imaginación, quizá una casa con jardín o quizá un partido con los vecinos o quizá un perro grande o quizá una madre que los ve llegar a los dos como a dos amigos infalibles
pago por mi combustible, 28,35 euros, y me voy
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