jueves, enero 12, 2006

BCN

Es extraño trabajar en el Camp Nou. Estás allí arriba, colgado en una de esas cabinas que no tienen cristalera delante, atrincherado detrás del ordenador portátil, rodeado de compañeros de ojos rasgados en tu misma situación, ateridos por ese frío de monumento altísimo. No soy 'culé', ni mucho menos, pero es uno de esos campos que has visto tantas veces en televisión, que una vez allí es difícil hacerse a la idea de que realmente estás en él. Y el caso es que yo ya había vivido aquello, hace unos tres, quizá cuatro años, con Ángel. No en un partido, sino en uno de esos recorridos guiados para turistas. Pero no había visto un partido, ya sabes, pancartas, arcadas repletas de gente, mira a Laporta, qué gritan esos. Antes de llegar a la cabina, como entré con el equipo, llegué a la sala de prensa principal, las tripas del estadio. Esa sala que es como un minicine. Miras hacia abajo y todo lo que ves son unos puntitos de diferentes colores, que corretean de un lado para otro. Estuvo bien, escribí muy rápido y envié la crónica desde el propio estadio. Allí te ponen las cosas fáciles y yo en realidad solo necesitaba una línea telefónica para ser feliz. Al final del partido, sobre las 12 de la noche, con el estadio vacío, me bajé al césped. Mirar esas 98.000 localidades vacías impresiona. Porque ellas te miran también a tí, a través de esa neblina de los fondos que no se distingue de las cenizas de una hoguera descomunal. Hacía frío, mucho frío. Me sentí mínimo, inapreciable, insignificante. Lo era, claro. Mucho peor ha sido la madrugada para coger el avión al día siguiente, esa madrugada que nos ha privado a Luis -'mi' fotógrafo- de salir por Barcelona, tal y como Irene me recomendó. Será para otra vez. Barcelona me gusta tanto. En mitad del vuelo nos anunciaron que no podíamos aterrizar en Valladolid por la niebla, así que fuimos a Barajas, de ahí nos trasladamos a Pucela en un autobús fletado por Iberia, y allí, en el aeropuerto más tristón del mundo, nos comimos un bocata antes de regresar y encarar otro día de trabajo, esta vez mucho menos atípico. Ah, eso sí, me hice con la postal que le prometí a Astrid, paseé por tres aeropuertos mi prisa lenta, sonreí al pasar por el Mercado de la Flores como me pidió Irene, hablé con dos chicas de tv3 sobre todo y sobre nada, comí 'pan tumaca', me acordé de Javier y al instante hablé con él y al final sí, al final disfruté, disfruté mucho.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

..tú mismo... me quedo con el final, con la parte en que sonríes...

Brain dijo...

Postal para Astrid! :)

Iván dijo...

Si es que Barcelona es muy bonita, y merece mucho la pena, pero una cosita...como el Bernaubeu nada, eh, ya te lo digo yo.

Mycroft dijo...

Dichoso usted que puede hacer viajes, aunque no sean enteramente de placer.

Anónimo dijo...

Qué envidia!